Agricultura biodinámica: NUESTRO HOGAR PLANETARIO COMPARTIDO

Muy interesante discurso del Príncipe de Gales, en el que habla de agricultura biodinámica, industria agroquímica, armonía con la naturaleza y seguridad alimentaria. Es obvio que el mensaje va calando y estas manifestaciones son una clara prueba de que algo está cambiando. Esperamos que lo disfrutéis.

Señores y señoras:

Estoy encantado de haber sido solicitado para contribuir con algunos aportes a vuestro encuentro organizado por la Asociación para la Agricultura Biodinámica con la temática de “Nuestro hogar planetario compartido”…

…Cada vez parece más claro que la manera en que manejemos los terrenos agroganaderos en un futuro va a ser de una importancia crucial para asegurar la salud ecológica de nuestro planeta.

El crecimiento económico, junto al crecimiento poblacional insostenible, es uno de los agentes más poderosos tras el abanico de tendencias nefastas a nivel ecológico, entre las que se incluyen la deforestación, el cambio climático, el agotamiento de recursos naturales y la extinción masiva de plantas y animales con los que compartimos el planeta y de los que dependemos intrínsecamente en nuestra supervivencia. A medida que la economía ha ido cobrando más y más fuerza a nivel global, estas tendencias se han ido haciendo cada vez más graves. Durante mucho tiempo el punto de vista predominante fue que el daño ambiental producido por el crecimiento económico era un precio inevitable que se tenía que pagar para mejorar el bienestar y reducir la pobreza. Para poder mejorar un aspecto se debía ignorar o tolerar los daños en el otro: sacrificar la ecología por el bien de la economía, o al menos así se pensaba.

Sospecho que mucha gente ha tenido siempre en el fondo la certeza de que esta visión es incorrecta y ahora que más y más evidencias emergen del daño que hemos estado haciendo a nuestros ecosistemas naturales, que son la base de cada uno de los aspectos de nuestra existencia, está claro que debemos cambiar urgentemente este pensamiento tan arraigado y tan peligroso.

Lograr un futuro próspero y seguro para la humanidad requiere que aceptemos que las economías saludables dependen de la ecología saludable y que nos comportemos acorde con ello. En otras palabras, tenemos que dejar un espacio para la naturaleza para redescubrir cómo trabajar en armonía con ella y restaurar un sentido de lo sagrado una vez más. De otra manera, parece que no tenemos ningún límite a la hora de conducir nuestro mundo hacia la catástrofe, simplemente porque hemos sido prisioneros de la clase de reduccionismo basado en evidencias científicas que impide la adopción de una aproximación precavida. Si el planeta fuera un paciente, ningún médico responsable habría permitido en ningún caso que llegue a estar tan enferma como hemos provocado que esté.

Aún así, por más de medio siglo, la agricultura industrial, basada en la química en lugar de en la biología, ha predominado echando a perder el equilibrio armónico de la naturaleza, degradando los suelos, reduciendo la biodiversidad que en un tiempo coexistió con la producción de alimento, y disminuyendo la vitalidad y la salud de los alimentos que ingerimos.

Por otra parte, estamos viendo una preocupación súbita creciente en todo el mundo en relación a la salud y fertilidad del suelo. La clave de ello parece encontrarse inevitablemente en la usual aproximación industrial y tecnológica.

Por supuesto, Rudolf Steiner fue uno de los primeros en reconocer la conexión entre fertilidad del suelo y salud vital de las plantas, animales y seres humanos, y también entendió el concepto de ecosistema argumentando “una granja verdaderamente sana debería producir por sí misma todo lo que necesita”.

Tristemente, su consejo visionario no se siguió. Como resultado de ello, la ganadería intensiva ha predominado y ha sido responsable de la destrucción de gran parte del capital natural del planeta, incluyendo nuestros bosques, suelos y la diversidad de animales, plantas, insectos… que solían coexistir con la agricultura y de los cuales la producción de alimento en última instancia depende.

La prácticas de año tras año cultivar los mismos cultivos en los mismos campos, y confinar el ganado, tomadas junto con el mercado global, todo ello características de los sistemas alimentarios de hoy, seguro que habrían sido para él un anatema porque estos sistemas alimentarios fallan con respecto a las leyes fundamentales de la naturaleza en términos de reciclaje y armonía. A medida que somos testimonios del impacto destructivo de la agricultura industrial en el medio ambiente y en la salud de los cultivos, animales y seres humanos, cerca ya de haber transcurrido un siglo de sus conferencias sobre agricultura, sólo podemos maravillarnos ante la presencia de los pensamientos de Rudolf Steiner. Tantas de sus sugerencias siguen absolutamente aplicables a día de hoy…

Aunque no estamos practicando la agricultura biodinámica en sentido estricto en mi granja casera en Highgrove, tanto el director de ésta David Wilson como yo hemos recibido una considerable inspiración y lecciones útiles en relación al concepto de Agricultura Biodinámica definido por Rudolf Steiner en sus conferencias sobre agricultura.

Personalmente, creo que conseguir sistemas alimentarios seguros y sostenibles para las generaciones futuras requerirá que aceptemos que la agricultura y la alimentación saludable sostienen un vínculo delicado con unos ecosistemas saludables. Así, en lugar de separar la naturaleza de la agricultura de la manera en que lo hemos estado haciendo, necesitamos reintegrarla y redescubrir lo bien que pueden trabajar juntas en armonía tal como reivindiqué en mi libro sobre este tema.

No albergo ninguna duda de que en lo más profundo la mayoría de los granjeros tienen una comprensión subyacente de estas conexiones y conocen en sus endurecidos corazones que los agroquímicos y monocultivos están produciendo daños. Y en un mundo ideal diría que preferirían cuidar del campo y ganado de maneras que beneficiaran a las futuras generaciones, adoptando una aproximación más holística y considerando los efectos altamente negativos de los agroquímicos y fertilizantes en el océano una vez que llegan allí.

Pero, desafortunadamente, debido a políticas perversas, están atrapados en la trampa de la producción intensiva, no quedándoles otro remedio que usar métodos expositivos, producir alimentos cuyos costes económicos no reflejan el coste real de su producción.

Señores y señoras: no albergo ninguna duda de que debido a la notable resiliencia de la naturaleza, gran parte del capital natural que se ha perdido en el capítulo de la agricultura intensiva podría ser recuperado sólo con que hubiera un cambio fundamental en la percepción, y el reconocimiento de la importancia vital de una aproximación agroecológica para restaurar la salud del suelo y la biodiversidad.

En relación a ello, me sentí enormemente descorazonado cuando asistí a la reciente reunión COP21 en París las pasadas navidades y aprendí sobre la llamada iniciativa del suelo del 4%, propuesta y promovida por el gobierno francés, y basada en la idea de fomentar que los granjeros trabajen de manera que se almacene carbono en el suelo más que de manera que el suelo libere carbono a la atmósfera, un hito que sólo puede ser conseguido por suelos vivos y sanos. El potencial es enorme: el objetivo de aumentar la salud del suelo y con ello aumentar la captación de carbono podría ser suficiente para reducir un 75% las emisiones anuales de carbono, eventualmente descarbonizando la  atmosfera y evitando que los océanos se acidifiquen, cosa que de otra manera parece inevitable. Sólo podemos albergar la esperanza de que esta propuesta sea llevada hacia delante a través de la aplicación de técnicas agroganaderas lúcidas como la reintroducción de los cultivos de carbono y las granjas con cultivos fomentadores de fertilidad usando gramíneas y trébol.

Una vez más, me parece una aproximación totalmente en línea con la filosofía que Rudolf Steiner avanzaba hace cerca de un siglo.

Sobre todo, necesitamos reinstaurar esa verdad básica de que la Tierra es nuestro hogar colectivo y que el aire, el agua, la tierra y los ecosistemas de los que todos dependemos son las fuentes últimas tanto de riqueza como de bienestar. Si pudiéramos curar esta crisis de percepción, creo que todo lo demás que necesitamos hacer se convertiría en algo fácil…

…Señores y señoras: como una de las más antiguas y distinguidas organizaciones ambientales en Italia, sólo puedo alabar vuestros esfuerzos heroicos para preservar el balance ecológico y el vigor de la Tierra. Os mando mis deseos más cálidos y admirados para una reunión exitosa y mi esperanza fervorosa de que podréis hacer progresos en estas tareas apasionadas para asegurar que nuestro sistema alimentario devenga infinitamente más sostenible.

 

Discurso del Príncipe Carlos de Inglaterra en ocasión de la I Conferencia de la Asociación de Agricultura Biodinámica de Italia en asociación con la Universidad Comercial Luigi Bocconi, el 19 de febrero de 2016.

Traducción: Agnès Torres Bonet

Puedes encontrarlo en YouTube https://www.youtube.com/watch?v=hXmzLLQlYtI